

Llevo tres días aquí dentro, lo cierto es que no se está del todo mal. No remo, no escalo, no familia, no, no, no, no, ¿lo podré soportar?. Menos mal que por los huertos de palmeras de Elche puedo ir a correr.



De cabeza al mes de diciembre. Los precios están calentando para hacer la carrera de Navidad en buen estado de forma, por contra el agua del mar se enfría tras un verano-otoño (2 en 1) largo , por mi parte voy a sacar la ropa de invierno para poder seguir remando. Este año me voy a plantear eso de poner el sombrero en la playa para ver si me saco unas perrillas como "hombre bala".
Foto: Perico 2006. Un día de kayak. Lo divertido del tema es el especial sistema de porteo al agua: a la ida en el brazo derecho, a la vuelta al brazo izquierdo para compensar.



Soy cliente habitual del excelente hotel de las mil estrellas. Éste tiene un encanto único y es visita obligada para cualquier persona con un mínimo curiosidad vital. Hoy, por contra he probado la cocina de uno de los hoteles más selectos de Amsterdam. El gusto, estilo y estética es el resultado de un largo proceso de madurez que bien merece ser apreciada y respetada. El río de la vida te lleva por remansos y rápidos que hay que saber disfrutar.
Foto: Carlos Izquierdo 2006. Por si hay duda, el hotel de las mil estrellas es dormir al raso o como se dice ahora hacer vivac.


Esta tarde he dado con Jaime un breve paseo por el centro de Amsterdam, una ciudad especial tomada por las bicicletas. Amsterdam es la realidad de un sueño y una aspiración de miles de ciudades del mundo; parece ser que si es posible desplazase sin contaminar y sin generar ruido, también parece ser que cuando llueve es posible ir en bicicleta y estar fuera de casa.

¡Como han cambiando los tiempos!. Hace años casi se escalaba a escondidas de los padres, ahora los padres llevamos a los hijos a escalar con nosotros. Antes el aprendizaje ensayo-error, como el de las ratitas de laboratorio, relantizaba enormemente la progresión técnica e invitaba a ocupar espacios de riesgo por ignorancia, ahora los conocimientos adquiridos en años se pueden transmitir en días. Lo cierto es que me gusta ver a los padres escalar con los hijos. Los padres: Vicent, Rubén y Carlos, los hijos: Marina, Rubén, Isaac y Nicolás.



Con el cambio de hora apenas hay tiempo para remar con luz los viernes, me da que tendremos que cambiar de día y sólo podrá ser los sábados o domingos.
En la salida de hoy en kayak hemos sido cuatro personas, el mar estaba como un plato lo que ha permitido remar con intensidad y alcanzar la velocidad límite que nos permiten nuestras fuerzas. Alex ha probado lo que será alguno de sus futuros kayak, un Prijon Seayak o un Rainbow Laser. La sensación de rapidez del Rainbow Laser ha sido superior a la del Seayak, pero no deja de ser una percepción (subjetiva como todas), es posible que en próximas sesiones metamos el gps para tener referencias objetivas en la sustentar opiniones y posiblemente futuras adquisiciones.