
Esta tarde tenía necesidad real de escaparme de la realidad, como sólo lo sé hacer de dos maneras que para mi funcionan (remando o escalando), he optado por la primera y eso por una curiosa razón. Hoy soplaba un viento de 11 a 14 nudos, en términos náuticos: fuerza 4, que le da un encanto especial a la salida. Remar con este viento requiere una especial concentración y una técnica más depurada en el manejo del kayak, experimentar con estas cosas me parece como menos entretenido. En principio iba a ir sólo, pero a última hora mi amigo Coco se ha apuntado. El plan era sencillo remar hacia el norte cuatro kilómetros y volver, total 8 Km., que para un rato no está mal.
Con Coco siempre he mantenido un discurso contradictorio que es un tópico en el mundo del kayak y a nosotros nos sirve para desarrollar la capacidad de convicción argumentativa y sobre todo para pasar el tiempo. El discurso es: timón si, timón no. El timón en el kayak es un accesorio que se ubica en el extremo de la popa y sirve para controlar sin ningún esfuerzo la dirección del kayak con el movimiento de los pies en un tipo de pedales, en principio es muy útil sobre todo para el principiante porque le da la sensación de control del barco. Yo cada vez estoy más convencido de que es un instrumento inútil, molesto para el transporte del kayak y que limita muchísimo la evolución técnica del palista, siempre digo que el timón es al kayak lo que las dos ruedecitas a la bicicleta del niño. Para ser sinceros, entre mis amigos estoy sólo y únicamente tengo el consuelo de que unos cuantos palistas del Club Náutico de Oropesa piensan como yo, pero como no están, tengo que soportar una batería de argumentos a favor del timón que van dirigidos a un Carlos en forma de diana y ya se sabe, normalmente la mayoría tiene razón (un secreto: realmente la fuerza o el poder de ser mayoría lo disfrazan de "razón"). Total que hoy era un día ideal para poner a prueba mis argumentos. A la ida (norte) el viento venía de cara, como el punto de rotación de un kayak en movimiento está próximo a la proa, la sensación de remo es de estabilidad y lentitud, el mar estaba movido con algunos borreguitos, el movimiento era arriba, abajo, un poco a la izquierda, un poco a la derecha, pero bien, en poco tiempo hemos llegado a la zona de playa prevista. La vuelta ha sido distinta, el viento venía de popa, esta situación es bien diferente, la sensación que predomina es la inestabilidad del kayak y la velocidad, combinación ideal para volcar. La inestabilidad es debida a que la ola entra por la popa y arrastra lo primero que pilla (la popa) de tal forma que la popa quiere adelantar a la proa situación un tanto imposible, es como si la rueda de atrás de una moto quisiera adelantar a la rueda de delante, esto se materializa en un término náutico: orzar. Para el principiante este tipo de situación es un auténtico suplicio, pero para los kayakistas más avanzados es una situación de juego y progresión rapidísima, pues bien, la vuelta con mi Prijon Barracuda (sin timón) ha sido divertida y sin ninguna lucha titánica contra el mar, eso si, absolutamente concentrado en la sucesión de remadas de apoyo, dirección y progresión. Timón NO.
Foto: Carlos Izquierdo 2005. "Entrando en una cueva marina". Formentera.