Torre la Sal tiene un cancer


 
Esta tarde he ido a remar a Torre la Sal, uno de los lugares con más encanto del litoral castellonense y he podido ver y sentir su enfermedad terminal, no pasará del verano del 2007. Torre la Sal es una agrupación de pequeñas viviendas en torno a una única calle y a un pequeño pero encantador paseo marítimo. Sus construcciones son modestas, de una altura y casi todas son propiedad de vecinos de Cabanes (termino municipal en el que se encuentra la pedanía de Torre la Sal). El parque natural del Prat de Cabanes está justo al lado de Torre la Sal y es frecuente ver a los vecinos pasear al atardecer por los caminos del parque, un paseo que suele estar acompañado del Aguilucho Lagunero, Tarabillas, Canasteras,C ormoranes, Ratoneros y en algunos casos incluso por el Águila pescadora. Torre la Sal es una auténtica joya cultural con una dinámica social de sus vecinos límpia y libre de pudedumbres propias de los aquellos que necesitan consumir ocio enlatado. La enfermedad que sufre Torre la Sal se llama Marina d´Or, una urbanización diseñada para personas desesperedas, sin tiempo para reflexionar sobre su vida y con unas miras vitales defindas por el triángulo: Hola, Lecturas y Marca. La estrategía de Marina d´Or ha sido simple y efectiva: sitiar la pequeña pedanía por sur y oeste (al este está el mar y al norte el Parque Natural de Prat de Cabanes). Sus casitas estan condenadas a convertirse en chiringuitos o casa de baratijas para aburridos. Una cosa es cierta, sus vecinos nunca jamás van a tener traquilidad.

Adjunto un artículo publicado por Manuel Vicent en el Pais (26-11-06), os aseguro que se queda corto.

INFAMES

Enmascarado detrás de unas gafas oscuras, con el ala del sombrero en las cejas y las solapas de la chupa levantadas hasta media mejilla he visitado el complejo inmobiliario, que responde con el nombre de Marina d'Or, en Oropesa del Mar. Si tienes un mínimo aprecio por la estética, es mejor que te sorprendan en un antro de perdición que te reconozcan en un lugar como ése. En Marina d'Or hay una avenida principal iluminada con arcos de bombillas como en la feria de abril de Sevilla, un jardín con esculturas romanas de yeso alternando con otras modernas de metacrilato, farolas barrocas y de diseño, bancos de azulejos adoptando formas imposibles de animales, todo amalgamado por el horror al vacío. En una carpa, bajo un espectáculo de agua, luz y sonido, se muestran las maquetas de lo que será este inmenso alarde de la especulación para atraer a los incautos. En ese mundo de ilusión se levantará una Venecia de cartonpiedra con canales llenos de góndolas, avenidas de París con una torre Eiffel de cemento pintado, un simulacro de cabañas del Caribe con estanques para remar entre cocodrilos de plástico, unos Alpes repletos de nieve sintética con pistas de esquí, y no sé si montarán también las cataratas del Niágara sin una sola gota de agua. La línea del mar ya está tapada por varias murallas de apartamentos desolados puestos a disposición de una clase media cuyo buen gusto ha sido ofendido y degradado. En el vestíbulo de algunos hoteles valencianos he visto rincones decorados con el escudo de una gran águila bicéfala cuyas alas se abren sobre un tresillo estilo Luis XV, flanqueado por una columna corintia que tiene plantado en el capitel un chino de alabrastro fosforescente bajo un centollo pegado a la pared a modo de lámpara. Creía que la locura hortera se había detenido ahí, pero el listón ha sido sobrepasado en el hall de hotel de cinco estrellas de Marina d'Or. Allí, por unas enormes columnas con taraceas de falso mármol y de acero dorado, la mirada asciende hasta el techo, donde te encuentras con los frescos de la Capilla Sixtina. En uno de los paneles está pintado el mismísimo Jehová en el momento de unir su dedo creador con el dedo de Adán. Se trata de una pintura simbólica, porque ese dedo no pertenece a Jehová, sino al político infame que ha engendrado a un tiburón inmobiliario con carta blanca para violar la belleza de este paraje, uno más entre los depredadores con tres filas de dientes que siguen tapando con un muro lo poco que queda del litoral mediterráneo.

Manuel Vicent

Comentarios

Iñaki ha dicho que…
Había oído hablar de Marina D'or, pero lo que he leído en tu blog y en el artículo de Manuel Vicent que incluyes, me ha dejado impresionado. Parece que Las Vegas ha invadido un estudio de arquitectura para "crear" esa horterada. ¡Qué pena! se vendará entero... si es que no se ha vendido ya.
Perico ha dicho que…
¿Que porqué te crees que la Generalitat se apresura a declarar tanto parque natural? ¿Por amor a la naturaleza? Más bien NO. Es una política que da cobertura a la edificación alrededor de los mismos.
Me ha gustado lo del "triángulo".

Salut.
antisistema ha dicho que…
Pues sí, nos quedamos sin Torre Bellver, nos estamos quedando sin Torre la Sal y en un futuro cercano nos quedaremos sin...
Ésto es lo que prima hoy, los grandes empresarios (LB, JG) en connivencia con nuestros políticos van a acabar con los pocos parajes naturales que nos quedan. El precio del progreso: ladrillo por Naturaleza.
Me cago en los PUTOS EMPRESARIOS Y EN SUS COCHINOS LACAYOS DE LA POLÍTICA. Perdón pero es lo único que me queda, el derecho al pataleo.